Recuerdos y reflexiones en torno a un ser divino (un mensaje de amor a las madres guatemaltecas en su día)

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Óscar Hugo López Rivas, ministro de Educación (*)

Recuerda usted expresiones como: “aunque seas mayor de edad, casado y profesional, yo siempre tendré autoridad ante ti”; “te lo dije”; “eso iba a pasar”; “yo soy adivina”; “esa persona no te conviene, me da mala espina”; “ten cuidado de salir con esas amistades, dan la impresión de andar metidas en cosas malas, te van a traer problemas”; “mientras vivas en esta casa, aquí se hace lo que yo diga”; “recógeme todos esos tiliches de ahí, no te imaginas lo que cuesta hacer que esté bien la casa”; “si no ayudas no molestes”; “por la forma en que yo te corregí, es que eres como eres”; “no hagas negocios con esa persona, da la impresión de ser mala persona”; “aunque esté vieja a mí no me levantas la voz”.

O aquellas expresiones que manifiestan un especial interés por nosotros, nuestras vidas, nuestra salud, nuestro desarrollo, entre otros aspectos, pues todo lo nuestro les es importante: “¿Ya comiste?” “¿Necesitas algo?” “¿Te tomaste tu medicina? “¿Cómo te fue hoy?” “¿Necesitas que te lave o te planche algo?”.

Son las expresiones de las madres, ellas conocen a nuestros amigos o amigas, saben de nuestros compañeros de estudio o de trabajo. Si nos va bien en el trabajo, ellas lo saben; si nos va mal, también lo saben. Conocen a los protagonistas en el trabajo o estudio, porque son buenos o malos, conocen del jefe gruñón, viven nuestros problemas con la misma intensidad que nosotros. Todos los días nos despiden con un “Dios te bendiga, cualquier cosa me avisas, cuidado en el camino”.

Sus oraciones no cesan mientras trabajan, dentro o fuera de casa, o en los pocos momentos en que descansan, oran o rezan por usted. Piden protección, bendiciones para usted y su familia, pues no solo se preocupan por los que dependen de ella, sino por los que están lejos.

El amor de ellas es incondicional, no importa si usted es la oveja negra o tiene vicio, responsable o preocupado, a todos nos quieren con nuestras virtudes y defectos. Siempre piensan y sienten por nosotros. Cuando salimos, es seguro que ellas no descansan, se desvelan esperando a que regresemos con bien. Esperan hasta que escuchan los pasos que indican el retorno del hijo y entonces, ya pueden descansar.

Al pasar de los años uno se da cuenta de que, en mucho de lo que decían, tenían razón; acertaban casi en todo, gradas a su intuición, un sexto sentido que las hace estar allí cuando uno las necesita, saber qué nos pasa, nos preocupa o nos alegra. Su amor es sublime.

Si tiene a su madre, disfrútela; si no, pida a Dios por ella y si su papel lo cumplió otra mujer u otro hombre, agradézcale de igual manera. Ella merece todo nuestro amor y bendiciones.

(*) Texto tomado de la revista digital Mineduc Informativo, edición número 17, 6 de mayo de 2019, pag. 2.

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