Discurso del ministro de Educación, Óscar Hugo López, durante acto de entrega de la Orden Nacional Francisco Marroquín y Día del Maestro

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Carl Gustav Yung, lo decía. “Uno recuerda con aprecio a sus maestros brillantes, pero con gratitud a aquellos que tocaron nuestros sentimientos”.

Guatemala fijó el 25 de junio para celebrar el Día del Maestro. Son ya 75 años desde aquel fatídico día en que la maestra María Chinchilla fue asesinada. En honor a ella se fijó esta fecha para recordar y reconocer a labor del maestro. Pero, ¿sabe usted por qué se celebra un 25 de junio el Día del Maestro? Un día como hoy, los maestros guatemaltecos recuerdan el asesinato de la maestra María Chinchilla, suscitado luego de una manifestación en contra del régimen del presidente Jorge Ubico. Las maestras vestían de negro esa tarde, manifestaban su repudio ante la forma de cómo las fuerzas armadas enfrentaron una manifestación que en la mañana se había realizado. Ellas fueron perseguidas y atacadas con disparos, cayendo muerta la maestra María Chinchilla. Esa fue la acción que llevó a considerar esta fecha, una fecha para recordar y, a la vez, para tenerla presente en la historia.

Una celebración que lleva implícita la reivindicación del gremio magisterial, esos hombres y mujeres que han decidido dedicarse a una de las labores más dignificantes y satisfactorias que una persona puede elegir; la docencia. Entendiendo la docencia como la máxima realización humana y social. Es esa profesión la que dignifica, gratifica y conmueve. Representa, el trabajar por y para el desarrollo de otros. Significa entregarse, apasionarse, comprometerse para dar a los demás la oportunidad de crecer y lograr sus propias metas. El ser maestro significa, convertirse en un estudioso permanente, apasionado por aprender y estudiar, prepararse día a día, desarrollar los más altos valores ciudadanos, ser tolerante, paciente, comprometido y estar dispuesto a ser modelo ante los demás. También el ser maestro lleva implícito, cuando se ejerce el magisterio por vocación, estar dispuesto a todo por aportar y cambiar nuestro entorno. Desde madrugar, caminar, viajar largos tramos; ¡he oído testimonio de los docentes hoy homenajeados, quienes tuvieron en alguna época de su ejercicio docente que cruzar ríos con lasos, dormir en el suelo, vivir en condiciones infrahumanas en las comunidades en donde trabajaban, hacerla de mediador en la comunidad ante conflictos, enfermero, asesor comunitario, tramitador, alfabetizador, entrenador deportivo, entre muchas otras tareas que, si se ejerce con compromiso, el docente tiene la oportunidad de vincularse en todo lo que tiene que ver con el desarrollo de su comunidad, y digo su comunidad pues el hecho que él no haya nacido ahí, no significa que el buen maestro no sienta un total vínculo con esa comunidad en la cual trabaja como que si fuera la suya propia. El construir ciudadanía a partir de la formación de generaciones. Esa es una labor, para quien tiene vocación, muy gratificante.

Hoy quiero expresar mi agradecimiento al gremio magisterial por su trabajo y dedicación en general, y en especial, a quienes en esta mañana se les condecora con la Orden Francisco Marroquín. Esta Orden es el máximo galardón otorgado a un docente, valorando su recorrido en el desempeño de su tarea en el aula y la comunidad. Esta distinción lleva el nombre del que fuera considerado como el primer maestro en Guatemala; quien vino a nuestro país en el año 1530, y que en esa década fundó la primera escuela en nuestro territorio y también fue impulsador y fundador de la ahora tres veces centenaria Universidad de San Carlos de Guatemala.

Estoy claro que cada uno de ustedes representa una historia de vida, y esa historia, encierra una entrega a su profesión, entrega que todos con quienes han trabajado, valoran y reconocen. Cada uno de ustedes ha dado su vida a la docencia, han cambiado vidas, han contribuido con su trabajo y dedicación a construir ciudadanía y han influido en la edificación de un mejor país. Ustedes son maestros que han retado al sistema, no se limitan a hacer lo mismo que hace la mayoría; innovaron, cambiaron el paradigma, construyeron aprendizajes día con día, lo hicieron a su manera y lograron que sus alumnos fueran una flor que desde sus raíces se nutrió para crecer a su estilo y naturaleza. Ustedes son los maestros que se distinguieron de los demás por que en cada momento su pasión y vocación se hizo notar.

Estoy seguro, como maestro que soy, que la principal satisfacción para ustedes nunca ha sido lo material, pues la profesión docente no necesariamente representa una profesión que le dará un mejor estilo de vida, por lo poco dignificada que está, pero eso sí, da lo que ninguna profesión otorga, y que consiste en ver la realización en sus alumnos; el que alguien los encuentre en algún lugar se acerque con ustedes y les diga: “gracias maestro porque a partir de sus enseñanzas yo logré tener éxito; gracias a sus consejos yo logré triunfar. Maestro, yo recuerdo que me decía que yo podía lograr lo que me propusiera, siempre lo llevé en la mente, y lo puse en práctica. Gracias por sus correcciones, por la disciplina, por el ejemplo, todo eso sirvió para que yo triunfara.”

Muchas veces uno ya no recuerda a las personas, pero ellas nunca lo olvidan a uno. De ahí el pensamiento que dice que el buen maestro nunca se olvida y sus enseñanzas perduran toda la vida. Andy Rooney decía que “la mayoría de nosotros no tenemos más de cinco o seis personas que nos recuerdan, los maestros tienen miles de personas que los recuerdan por el resto de sus vidas”.

Se dice también que hay dos tipos de maestros, aunque yo creo que hay más; sin embargo, tomo esta frase de autor anónimo: “aquellos que presionan tanto que sus estudiantes que no pueden ni moverse y aquellos que sólo nos dan un pequeño empujón para animarnos a volar.” Apreciables maestros condecorados, teniendo como testigos a sus respetables familias y en el resguardo de este monumento de la cultura de Guatemala, el Palacio Nacional, patrimonio de nuestra nación, quiero darles las gracias por su trabajo en pro de la educación de nuestro país, sé que se han sacrificado y de igual forma a sus familias, por eso y, en nombre del Ministerio de Educación les expreso mi reconocimiento, valoración y mis mejores deseos para que en el rol que seguramente nunca dejarán de ejercer, que es la docencia, sigan enseñando a volar a todos sus alumnos. Ustedes fueron, son y serán inspiración para muchas personas.

Finalizo con la siguiente historia. “Había un niño quien cada vez que le preguntaban que quería ser cuando grande, siempre decía que deseaba ser maestro. Los padres y familiares le preguntaban con bastante frecuencia para ver si había cambiado de aspiración. Él se mantuvo, cuando le preguntaban las razones él decía con mucha claridad. Quiero ser maestro porque quiero ser como mi profe Carlos. El siempre viene temprano y aprovecha a saludar uno por uno a los estudiantes, habla con cada uno, se preocupa por uno. Siempre está riendo, veo que disfruta lo que hace, nos cuenta que en el tiempo libre está buscando materiales e información para enseñarnos mejor y agradarnos. Lee, busca dinámicas para que aprendamos con felicidad. Nunca le he oído que exprese una mala palabra. Todos lo respetamos. Cuando él no viene porque está enfermo o por que pide permiso, la clase completa, no es cierto que la clase, la escuela completa, esta triste.

Maestro usted inspira, usted deja huella, usted le cambia la vida a muchas personas. Feliz Día del Maestro. Muchas gracias.

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